En tercer lugar, la superación del sistema patriarcal, nudo gordiano de la opresión sexual, división sexual del trabajo y sexismo, machismo y misoginia, es un proceso histórico de muy larga duración que debe, empero, avanzar de inmediato en el interior mismo de las relaciones interpersonales.
De hecho, estamos ante uno de los problemas más duros de la desalienación. El orden cotidiano de la persona está estructurado para el mantenimiento del patriarcado y del capital.
Las múltiples formas de violencia que sujetan la opresión de la mujer se sostienen sobre el interés egoísta del hombre que extrae mediante esa opresión y explotación beneficios globales. No es sólo un egoísmo consciente y lúcido sino también inconsciente e invisible pero activo: relación entre sexismo consciente y machismo inconsciente.
La desalienación de la persona macho y su desarrollo personal libre tiene aquí un problemón que le atañe en su interés propio y, lo que es más grave aún, le produce ansiedad, nerviosismo y miedo irracional con directos efectos en su comportamiento sexo-afectivo, autoestima y aceptación inconsciente de su cuerpo, especialmente de su pene, que es el órgano de medición y valoración sexista de lo existente.
Todo lo relacionado con el sexo ha sido siempre objeto de especial dedicación por los poderes opresores y, desgraciada pero significativamente, por las fuerzas revolucionarias que no han superado las ataduras e intereses patriarcales.
La sexualidad es una construcción del poder no ya del cuerpo humano en cuanto potencialidad en proceso sino del cuerpo como máquina que produce mercancías, valores de cambio, entre los que destacan otras mercancías llamadas cuerpos infantiles que devienen con el tiempo en máquinas humanas.
Pero el problema es más serio ya que el patriarcado ha construido el referente nacional desde la supremacía opresora del hombre sobre la mujer. En otras palabras, lo nacional, como cualquier otra construcción sociohistórica, es resultado de un proceso en el que las mujeres apenas ha participado y en el que, además, existen estructuras opresoras de la mujer inherentes al orden patriarcal. En última instancia hemos de encontrar su razón en la simbiosis de dos fuerzas: la política demográfica inherente al patriarcado y la política de la expropiación inherente a las clases dominantes.
Euskal Herria tiene al respecto una serie de experiencias organizativas y teóricas, que siendo mayores que las de otros pueblos europeos sin embargo distan todavía muchísimo para llegar al mínimo necesario.
Aunque la participación de las mujeres en el conjunto de prácticas de desalienación, desarrollo crítico y construcción nacional colectivas sean en algunos casos notables, hay que saber que existen abismos abisales en los que sigue imperando la reacción patriarcal. De sus profundidades emergen prácticas abiertamente conservadoras, enfrentadas en todo a la práctica global del MLNV y en concreto a sus formas más contundentes y duras: la violencia defensiva.
Además, relacionado con ello, amplísimos espacios de la cotidianidad más inaccesible a la propaganda concienciadora del MLNV son reductos, fortalezas no sólo de retaguardia del poder sino de primera fila. Los poderes opresores cuidan y alimentan con devoción especial a esas unidades de choque.
13. El sentido de la vida y el drama de la muerte se desenvuelven en la historia.